Desde AESCO, defendemos la no apertura del comercio en festivos porque somos partidarios de salvaguardar la libertad. La libertad de un país y de sus ciudadanos de elegir qué tipo de ciudad quieren, qué tipo de convivencia, qué tipo de urbanismo; la libertad del consumidor de seguir eligiendo a largo plazo en qué formato comercial quiere comprar; la libertad de trabajadores a la hora de conciliar la vida laboral y la familiar -no olvidemos que el 60% de los trabajadores del sector comercio son mujeres-; la libertad de una parte de la ciudadanía por razones culturales y religiosas. Y es que se hurtarían muchas de estas libertades si se consolidara una apertura generalizada en festivos.
Como vemos y, a pesar de que la apertura comercial no sólo transciende al sector sino a la propia economía, será en aspectos relacionados con ella donde centremos la defensa de un control sostenible de los horarios.
En primer lugar, conviene aclarar que estamos ante un debate que no proviene de una necesidad ni demanda de los consumidores. Estamos ante una cuestión planteada por las cúpulas de los formatos ajenos a la tradición comercial de nuestro entorno. Actualmente ya existe una completa libertad horaria de apertura para todos los establecimientos de menos de 300 metros cuadrados, marco que debe salvaguardar el equilibrio entre los distintos formatos comerciales. Entendemos que los consumidores tienen bien atendidas sus necesidades, afirmación confirmada reiteradamente en las encuestas realizadas a la ciudadanía. Debemos ser rigurosos a la hora de realizar estudios y encuestas a la sociedad, y es que existe una variación notable entre la respuesta a la pregunta si desearía una apertura del comercio en festivo, a si le añadimos las consecuencias laborales, sociales y económicas que ello conllevaría.
Cabe decir que el problema principal de nuestra economía en los últimos años es de demanda y no de oferta. Las familias han visto reducida su renta disponible y su capacidad de gasto, marcada por altos niveles de desempleo. Una mayor amplitud de los horarios conllevaría mayores gastos y costes fijos para las empresas, que no se vería apoyada por una mayor facturación. Un ejemplo de lo que decimos lo vemos en Madrid, donde con una mayor apertura, la situación no sólo no es mejor que en el resto del país, sino que nos encontramos con registros más negativos que la media. Una mayor liberalización no estimula el consumo de los hogares.
En cuanto al empleo, es el pequeño y mediano comercio el formato que ha logrado sostener el empleo dentro del sector servicios. Por lo que es de justicia contribuir con una normativa favorable a los intereses de uno de los mayores empleadores del país. Un sector joven y feminizado, un sector refugio, emprendedor y estable. Y está demostrado que en las zonas con mayor apertura no se ha desarrollado un estímulo al empleo, incluso se ha destruido a mayor ritmo, consiguiendo el efecto contrario al pretendido. Hecho que se ha reproducido en los grandes formatos comerciales, impulsores de estas medidas.
Tampoco podemos hablar de una relación directa entre la ampliación horaria y la llegada de turistas. Aceptando que el turismo de compras representa un gran potencial, se debe impulsar de manera ordenada, explicada y motivada y, sobre todo, evitando que suponga un obstáculo a nuestro modo mediterráneo de entender el comercio y la ciudad. Un modelo basado en la sostenibilidad ambiental, un uso menor del vehículo privado, al desarrollarse masivamente en la trama urbana, un modelo que garantiza la supervivencia y la habitabilidad de barrios, de centros de ciudades y de pueblos, garantizando y aumentando la seguridad y la atención de personas con mayor dificultad de movilidad, mayores y familias numerosas.
También los expertos en psicología esgrimen razones de salud y seguridad laboral que nos permiten argumentar nuestra oposición a la libertad de horarios comerciales y nuestra defensa a que el domingo y demás festivos el comercio permanezca cerrado. Explican que las personas que trabajan en domingo tienen más accidentes, sufren mayor estrés y también problemas con el sueño y de corazón, lo que afecta a la seguridad y a las relaciones sociales. Por tanto, mantenemos la importancia de mantener como festivo el domingo por razones de salud y seguridad, además de conciliación entre la vida profesional, privada y familiar.
A modo de síntesis, debemos afirmar que las distintas políticas comerciales llevadas a cabo en unas Comunidades Autónomas y otras tiene una ventaja, y es poder observar la evolución de la distribución comercial distinguiendo distintas políticas y modos de afrontar nuestro debate de hoy, y es justo afirmar que los efectos esperados por los partidarios de la medida eran el crecimiento de la actividad comercial y su correspondiente aumento del empleo, objetivos que no se han cumplido.

